
El programa Avance cierra el año con 966 evangelistas movilizados en 74 grupos de discipulado en Iberoamérica
12/10/2025
Más de 7.000 evangelistas movilizados: Así fue el 2025 para la NGE en Iberoamérica
12/26/2025Imagina un futuro en el que los ideales radiantes de la Gran Comisión y el Gran Mandamiento remodelen nuestra realidad, un mundo en el que los deseos y aspiraciones intrínsecos de cada seguidor de Jesús resuenen con el mandato intemporal de Cristo de ir y discipular a las naciones (Mt 28:18-20; Mr 16:15; Lc 24:46-48; Hch 1:8; 2Ti 2:2; Jn 15:16; Stg 5:20). ¡Lo más amoroso que podemos hacer es compartir la buena noticia! Contempla una comunidad mundial en la que la misión de Dios (missio Dei) no sea un mero concepto para admirar, sino una experiencia activa y vivida, personalizada en la misión de la iglesia, y aún más íntimamente, encarnada en el propósito de vida de cada creyente.
El Pacto de Lausana, en su sexta sección, centrada en la iglesia en nuestro contexto actual, afirma la misión trinitaria en el mundo y declara conmovedoramente: “Necesitamos salir de nuestros guetos eclesiásticos y permear la sociedad no cristiana… ”. «El evangelio para cada persona» no es solo un título llamativo para desarrollar una idea teológica, sino la esencia misma de nuestro llamado, y debe redescubrirse en cada generación para no perder de vista su urgencia, alcance e importancia. Este escrito —en el marco del compromiso evangelístico que compartimos— busca resaltar cuán vital es este principio para quienes llevamos adelante la proclamación de las buenas noticias.
El evangelio para todos
Toda etnia (Ro 1:16), origen, clase social, raza y nacionalidad necesita esta verdad que da vida (Ap 7:9). No existen fronteras ni muros que no pueda atravesar, ni dimensiones de la experiencia humana (1Ti 2:3-4) que queden fuera de su alcance.
Creemos que el evangelio de Jesucristo es para todos (Jn 3:16). Este mensaje alcanza tanto a ricos como a pobres (Lc 4:18), a los sanos y a los enfermos. Toda etnia (Ro 1:16), origen, clase social, raza y nacionalidad necesita esta verdad que da vida (Ap 7:9). No existen fronteras ni muros que no pueda atravesar, ni dimensiones de la experiencia humana (1Ti 2:3-4) que queden fuera de su alcance. En palabras sencillas, el evangelio es para todas las personas, en todas partes (Hch 10:34-35). No excluye, no discrimina ni evita a nadie. Nadie queda fuera de su impacto ni de su poder transformador. (2Co 5:14-15).
El evangelio y las naciones
La idea de que el evangelio debe llegar a todos en todas partes está profundamente arraigada en las Escrituras, entretejida intrincadamente con belleza y precisión a la vez. Este concepto no puede estar limitado a un solo pasaje, sino que abarca toda la Biblia. La idea de que la buena noticia es para todas las naciones se extiende más allá de Mateo 28:18s. Mientras que la “Gran Comisión” del Evangelio de Mateo es a menudo muy apreciada entre los cristianos evangélicos, es solo una faceta de un mandato bíblico más amplio. La frase griega panta ta ethne, que significa “todas las naciones”, subraya este llamado universal y ha dado forma a nuestro enfoque para llegar a grupos poblacionales no alcanzados. Esto no siempre ha sido así.
En 1974, Ralph Winter introdujo el concepto de «ceguera poblacional» en el primer Congreso de Lausana de Evangelización Mundial. Desde entonces, la tarea de la misión se ha centrado cada vez más en la evangelización de pueblos o naciones no alcanzados definidos por sus características étnicas y no necesariamente por sus fronteras políticas. Las décadas posteriores de misión han llevado a definir el concepto de grupos poblacionales y lo que se ha hecho evidente es que nuestra definición operativa de «todas las naciones» determinará nuestro enfoque misional como creyentes. Ser seguidores de Cristo nos obliga a llevar la buena noticia del Reino a todos los rincones, comunidades y culturas que aún no han escuchado este mensaje transformador. En el contexto actual, los «grupos poblacionales no alcanzados» pueden ir más allá de definiciones étnicas, lingüísticas, culturales y geográficas tradicionales e incluir micro segmentos de la sociedad que a menudo son ignorados o son difíciles de captar, como los nómadas digitales y los creativos culturales de hoy, que comparten los elementos básicos de la teoría de grupos poblacionales. Debemos continuar la misión pionera de Cristo en cada generación y comprometernos a compartir el mensaje que nunca cambia, en contextos siempre cambiantes.
El evangelio: nuestra misión sagrada
Hablando de un mensaje transformador, la forma en que definimos el evangelio mismo y comunicamos su verdad es importante para la integridad de la misión de Dios. El evangelio es traducible en todas las culturas y entre todos los pueblos, pero no es maleable. En nuestros esfuerzos por lograr la fluidez de la buena noticia en nuestro mundo, hemos visto los peligros de las “mejoras” culturales de la misma, adaptando no solo los medios sino el mensaje. El arte de la improvisación en vivo es espontáneo, divertido y en cierto modo entretenido. No me malinterpretes. Me encanta experimentar el humor y la franqueza que surgen de la improvisación, pero cuando se trata de mostrar y compartir la buena noticia, los cristianos no pueden improvisar. En cierto sentido, hemos abandonado la fluidez del evangelio por uno pertinente, divertido y ligero que atraiga a la cultura que nos rodea. Sin embargo, es este mensaje —y no otro— el que Pablo afirma que es poder de Dios para salvación (Ro 1:16). Somos necios si pensamos que cualquier otra cosa que sustituyamos por el mensaje de salvación tendrá algún efecto duradero.
En cierto sentido, hemos abandonado la fluidez del evangelio por uno pertinente, divertido y ligero que atraiga a la cultura que nos rodea.
Este mandato celebra la buena noticia de la intervención de Dios: una iniciativa divina hecha accesible a todos por medio de su gracia (Tit 2:11) y abrazada a través del arrepentimiento y la fe individuales, empoderada por el Espíritu Santo (Ef 2:8-9; Ro 10:9-10). A los creyentes se les confía la profunda responsabilidad de difundir el mensaje y manifestar la realidad del reino de Dios a nivel mundial. Nuestro deber misional subraya la capacidad del evangelio para transformar corazones, elevar comunidades y remodelar la historia, demostrando su alcance integral y su impacto transformador. Al encarnar y proclamar este mensaje, los creyentes participan en el despliegue del plan redentor de Dios, posibilitado y empoderado no por el poder humano sino por la presencia dinámica y persistente del Espíritu (hasta el fin mismo de los tiempos).
Para terminar, el llamado del evangelio no es un mero mandato sino una invitación dinámica a encarnar el propósito redentor de Dios en el mundo. Convoca a los creyentes a entrelazar esta invitación en el tejido de sus vidas, transformando su caminar en una búsqueda colectiva (missio ecclesiae) y, a la vez, en una respuesta personal. Es una exhortación activa y convincente a participar en la misión de Dios como si fuera nuestra, llevando la buena noticia del Reino hasta los confines de la tierra —todo lugar y espacio que las personas llaman hogar— en el poder del Espíritu Santo, hasta que Él venga. ¡Maranata!




