
Encuentro de oración | Argentina
05/02/2026
Informe de un donante
05/13/2026Donde el dolor se convierte en una oportunidad para llevar esperanza
La palabra “crisis” suele congelarnos. Para muchos, es sinónimo de escasez, miedo o parálisis. Pero para el seguidor de Jesús, la crisis no es un muro, sino una puerta.
Yo mismo he vivido en un contexto de crisis política, económica y social por más de 20 años. Eso te obliga a tomar una decisión: o te dejas consumir por la circunstancia, o permites que la circunstancia te impulse a liderar.
Estoy convencido de que el liderazgo es una respuesta al caos.
No necesitamos líderes cuando todo marcha bien. El liderazgo, por definición, nace en el conflicto. Si aspiramos a evangelizar y guiar a otros, debemos aprender a movernos en medio de la crisis.
¿Qué significa esto? No significa que no sintamos miedo, sino que sabemos qué hacer con él. El líder es quien, en medio de la oscuridad, tiene la claridad para identificar la oportunidad que otros ignoran. Mientras el mundo ve una catástrofe que termina en derrota, el líder que mira a través de Jesús ve una plataforma para la esperanza.
Juan 16:33 no es una sugerencia, es un diagnóstico y una promesa:
“En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo”.
Jesús no nos ofreció un evangelio de “burbuja” donde nada nos toca. Nos ofreció paz en medio de la guerra. El evangelismo en tiempos de crisis es poderoso porque no es teórico; es testimonial.
Cuando le predicas a alguien sobre la provisión de Dios mientras tú mismo enfrentas la inflación, tu mensaje tiene un peso espiritual que ninguna palabra elegante puede imitar. La crisis quita lo superficial de nuestra fe y deja solo lo que es real.
Una de las mayores bendiciones que brotan del terreno árido de la crisis es el despertar de la Iglesia. Hemos visto cómo, en los años más duros, las sillas se llenan y, lo más importante, los corazones se encienden.
La crisis rompe la estructura del “evangelismo de evento” y nos empuja al evangelismo de influencia y procesos. El creyente ya no espera a que la gente venga al templo; el creyente se convierte en un ministro en su lugar de trabajo, en la fila del supermercado, en la comunidad. La adversidad nos obliga a recurrir a lo que verdaderamente conocemos: a Dios.
Si entendemos el liderazgo como el acto de movilizar a una comunidad hacia su propia transformación, entonces la crisis es nuestra mejor herramienta de trabajo:
- La crisis genera hambre: no solo física, sino de significado.
- La crisis derriba ídolos: el dinero, la estabilidad política y la salud resultan ser frágiles, dejando a Dios como la única roca sólida.
- La crisis demanda acción: nos saca de la comodidad y nos lanza a la misión compartida de alcanzar a otros.
¿Cómo responder hoy ante la crisis?
Ante la próxima dificultad que toque a tu puerta, te invito a cambiar tu narrativa interna. En lugar de preguntar “¿por qué me pasa esto?”, pregunta: “¿cómo se va a glorificar Dios a través de esto?”.
- Identifica tu campo de influencia: no busques un estadio; busca a la persona que tienes al lado y que está perdiendo la esperanza.
- Habla desde la victoria de Cristo: no ignores el problema, pero no dejes que el problema tenga la última palabra. La última palabra la tiene quien venció al mundo.
- Dale la bienvenida al desafío: cada crisis es una oportunidad de crecimiento espiritual. Es el “gimnasio” donde se forman los líderes que el Reino necesita.
La crisis es el lenguaje que el mundo entiende hoy. Si podemos mostrar paz donde hay caos y generosidad donde hay escasez, el evangelio se vuelve irresistible.
No temas a los tiempos difíciles; fueron diseñados para que la luz que llevas dentro brille con más fuerza.
Ante la adversidad, recurre a lo que conoces, porque todo lo tenemos en Dios.





